Mari Carmen las nubes son blancas, las nubes son negras, y grises, y cuando el sol saca su paleta de pintor, al atardecer, incluso rosa, y amarillas. Algunas caoba. Y por la noche, con luna al fondo, plata lorquiana.
Pero todo esto es pura apariencia. Todo esto es sólo la vibración de la luz ante nuestros ojos. En realidad las nubes son un engaño. Son agua travestida, agua de vacaciones, agua ensayando el nirvana.
Lo sé porque en mi alacena yo tengo algunas nubes enlatadas. Sí, nubes del ayer, de Persia, de una niña abandonada que llora en medio de una plaza de arena que el viento levanta, nube de ojo de elefante, nube sombrero, nube de estrellas...
De vez en cuando abro una lata y me la voy tomando, siempre muy lentamente, que el cielo es así, lo excelso. Y eso se da poco.
Un beso.