
No. Nadie se esperaba que el niño se fuera a descolgar con aquella carta. Nadie imaginaba que el brutote de Luisito se fuera a pedir para Reyes un “Nenuco, siete funciones (come, hace pipí, llora… no necesita pilas)".
Así que Melchor, indignado, dejó, en lugar del bebecito, un Action Man.
Luisito pareció conformarse con aquel soldado embutido en un áspero uniforme de camuflaje. Le arrebató el pistolón y, arrugando la nariz, lo tumbó sobre la mesa: “Veamos, tesoro, ese pañal”.
La carta de Sergio a los Reyes no parecía una carta sino el inventario de un arsenal o la relación del material incautado a un traficante de armas internacional: dos Power Rangers muy mal encarados, el visor telescópico Smooby, el helicóptero de combate de los Power Team, una réplica perfecta de una katana y el subfusil Hunter.
Así que Gaspar, preocupado, dejó, en lugar de aquel polvorín, el taller de bricolaje: un banco de trabajo con un montón de herramientas de plástico.
Sergio pareció conformarse con aquel trueque. Fue examinando uno a uno cada uno de los utensilios: tenazas, martillo, serrucho, llave inglesa…
“Ríndete, capullo”, dijo, encañonando finalmente a su padre con el taladro de juguete.
Yo lo que quería era un volvo, un vvvolvo –repitió la mujer echando a Baltasar de la cama.