Posiblemente el escritor sea el tipo más vanidoso del mundo: en una sociedad infoxicada pretende ser leído, escuchado.
Claro que cada pecado tiene su penitencia. Quizá no convenga que el éxito le sonría en exceso: sus palabras pueden acabar en la cinta de una caja de supermercado, junto a las lentejas Maravilla y la sopa Gallina Blanca. Esto, entre otras cosas, pensaba, mientras sacaba subrepticiamente -nunca había utilizado este término- con el móvil esta fotografía.

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