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jueves, 15 de julio de 2010

ITACA

“Haz de tu vida una obra de arte. O, al menos, un buen experimento. Y, sobre todo, elige, en la medida de tus posibilidades, como quieres vivir”. Era una de sus frases preferidas, aunque la escribió y, desgraciadamente, intentó ponerla definitivamente en práctica después de haber transcurrido demasiado tiempo. Por lo menos – calculaba – ya había desaprovechado la mitad de su existencia preparando los pinceles o, lo que es peor, buscando el lugar adecuado para colocar el caballete. Tampoco tenía muy claro si quería sólo pintar, bailar, esculpir...ni los motivos a representar. Es lo que nos ocurre a casi todos y lo que decía John Lennon, que no voy a repetir porque ya es un dicho casi de escuela. Hacer frases, colocar pensamientos en las paredes, decorar, en definitiva un espacio de habitabilidad, eso si sabía hacerlo. Lo había hecho siempre. Papeles y papeles, manuscritos e impresos, que formaban su paisaje cotidiano y que le aislaban de la idiotez que, normalmente, inundaba sus alrededores. “Lancelot y alrededores...”, solía decir. ¿Y por qué mantenía ese nombre aparentemente tan cursi?. Era un atavismo: un atavismo de elección en homenaje a sus primeras ensoñaciones, a un libro que fue una obsesión y un paso adelante en su narrativa, y, sobre todo, porque lo que deseaba realmente era borrar de su entorno ese carácter de realidad que dan los verdaderos documentos de identificación. Quedarse para borrarse...qué gran contradicción. Borrarse del mapa y, al mismo tiempo, colocarse bien en él, en las coordenadas correctas y elegidas...A ver, Pitcairn, océano Pacífico, a unas millas de Brisbane y a 23 pasos ( grandes e imaginarios, claro) de Hindley Street, en la ciudad austral de Adelaida. En ese ambiente de madera antigua y colonial que remedaba la verdadera historia y convertía cualquier lugar en un amplio campo de experimentación para que su imaginación inventara el mejor background. “Je suis nai a Madrid, mais je sui an peu anglais” ...Y de todo el mundo, claro... era de todos los lugares del mundo en los que hubiera un espacio para escribir y una pluma, aires de libertad y una mínima oportunidad ofrecida por la fortuna para retratar lo que soñaba, sin que el dinero condicionara sus actos.“Tengo un sistema ( le había dicho su amigo Paguz ) infalible para resolver los problemas económicos”. Un sistema para ganar en las mesas de poker.
Pero él no confiaba en sistemas teóricos de juego, ni en el azar, y, sobre todo, no sabía muy bien si aquella canción de Kenny Rogers era sólo una metáfora y lo de “knowing what to throw and knowing what to keep” se refería a las cartas de una baraja o a la vida.

(Ah, por cierto, Pitcairn, esa isla que, durante siglos, se creyó que no existía y que era una fabulación literaria, existe realmente. Está en los mares del sur, más allá de la Polinesia. E Itaca, la verdadera Itaca, existe también. Pero resulta que en ella sólo hay cabras. Y piedras, muchas piedras. Y polvo. Y olvido. Pero no importa. La Itaca que nos empuja en el viaje siempre se encontrará en nuestro corazón y en nuestra mente)